—¿Lo
escuchas? —Me dijo mientras daba una calada a su pipa de cuerno de dragón.
—No, ¿qué se supone que tengo que escuchar? —le
respondí mientras agudizaba mi oído lo mas que podía. A la vez, me fijaba en el
curioso señor al que yo llamaba Maestro; el cabello largo y entrecano estaba
recogido hacia atrás, lo que dejaba a la vista su sien rígida y tersa.
—Tranquilo, te darás cuenta más adelante. —Su
voz suave y pasiva entraba en mi cabeza como una mano que me tranquilizaba en
aquel raído sillón de su salón oscuro.
—¡Zafir! ¡Despierta, chico! Ve al edificio
principal y limpia el establo de Caminster
—le ordenó su jefe desde la escalera—. «Paciencia». —Pensó Zafir. Todavía era pronto para aquello y a
pesar de haber pasado ya cinco años de su muerte, sus recuerdos y palabras
seguían en su mente—. «Aprende y no olvides»— le gritó al final de una de sus
visitas al salir por la puerta.
¿Qué es lo que más deseas? ¿En
qué sueñas? ¿Conoces tus límites? ¿Los tienes?
Las palabras no son solo
palabras: son un universo de posibilidades.
Un folio en blanco —la pantalla
del ordenador— es el escenario en el que tus deseos se convierten en realidad.
Tus manos crean la vida y la
muerte, el amor, la injusticia, el valor y el miedo, la riqueza, el dolor, la
miseria y la gloria, las estrellas y el inframundo, la amistad, la codicia, la
traición y la belleza.
No hay idea que no pueda ser
plasmada en palabras, no hay personaje, situación, época o territorio que no
pueda ser creado. No existen fronteras para la imaginación.
Ana, Paloma y Susana Santamarina, quien pone voz a nuestros textos, en presencia de Fernando Llombet, director pedagógico del Colegio Las Dominicas
El pasado día 23, con motivo del Día del Libro, tuvimos la oportunidad de volver a compartir unos minutos con los alumnos del Taller de expresión escrita y oral. Se entregaron los premios a los más destacados y para ello se consideró la evolución de cada alumno, su interés, constancia y la calidad de su trabajo.
Se otorgaron los siguientes premios:
1er premio: Ana Pozo.
2º premio: Paloma Martínez.
3er premio: Lidia Frías.
Quisimos hacer mención especial al esfuerzo y los logros obtenidos por Víctor Domínguez, Talía Rodríguez y María Basterra.
El salón de actos estaba hasta la bandera
Para finalizar, Silvia Izquierdo leyó su texto “Mi libro”, que consideramos como el mejor texto del curso, exponente de la calidad de su escritura y su gran potencial. Estos fueron los premiados. Sin embargo, no queremos dejar de mencionar al resto de los alumnos del curso, Alejandra González, Andrea Fuentes, Paula Díaz, Pedro Pozo, Samuel Luzardo, Isabel Izquierdo, Elena Pozo, Andrés Urcola y Emilio Diáz, que con su trabajo y magnífica actitud han contribuido a que este Taller haya sido muy especial y satisfactorio. Deseamos que todos hayan disfrutado y aprovechado, al menos, tanto como lo hemos hecho las profesoras. Hemos aprendido mucho de todos vosotros y con todos vosotros. Gracias a todos y ¡adelante! ¡A escribir!
Nuestros jóvenes escritores, Talía, Victor, Ana y Paloma en otro momento de la entrega de premios
Estaba todo oscuro.
Aquel lugar era húmedo y a penas corría una brisa. Sentía cómo el frío cortaba
la piel de mis labios. Fui levantándome poco a poco. Estaba descalza, con un
trapo por vestido y comenzaba a sentir el pánico en mis huesos. Presentía que
esto no iba a ser una broma que acabaría en un simple mal recuerdo. El terror
me paralizaba, no notaba parte alguna de mi cuerpo, solo el corazón, que daba
con fuerza sus latidos más angustiosos.
Pasó
mucho tiempo hasta que comencé a ser consciente de lo que a mi al rededor
sucedía. Seguía sin poder ver nada. Como estaba apoyada en una pared supuse que
me encontraba en una habitación. Comencé a caminar arrastrando mis manos sobre
ésta en busca de alguna salida pero mis dedos apenas notaban la presencia de la
pared. Se me ocurrió calentarlos uno por uno en mi boca y volví a recorrer la
habitación en busca de una salida. Esta segunda vez tuve más suerte. Crucé los
dedos de la mano con la que no sujetaba el pomo y giré la otra con la esperanza
de que la puerta se abriera.
Sin
embargo, tras esa puerta no se encontraba lo que yo tanto ansiaba, una
escapatoria. Había entrado en otra habitación y tras mi espalda se desvanecía
la puerta que acababa de cruzar. Me encontraba en un lugar sin fin, el suelo se
extendía bajo mis pies sin encontrar un lugar donde terminar. Ahora estaba
confusa, no comprendía qué estaba pasando y lo único que se me ocurrió era que
todo esto formaba parte de uno de mis sueños, me tumbé y esperé. El tiempo
pasaba y cada vez estaba más segura de que no me despertaría. De repente un
calor abrasador cubrió todo mi cuerpo. Notaba las gotas de sudor descendiendo
por mi rostro. El suelo comenzaba a quemar y cada vez ardía más. Mis pies
descalzos comenzaron a correr para no quemarse. Pronto divisé otra puerta, pero
cada vez que la creía cerca, volvía a ver una distancia inmensa hasta ella. En
un último intento eché a correr sin apenas coger aire y esta vez logré llegar
hasta ella.
Estaba tirada en el suelo, la puerta, tras yo haberla cruzado, se había
desvanecido igual que la otra. Intentaba recuperar el aliento pero la velocidad
a la que iban mis pulmones me impedía coger una bocanada de aire. Mi
corazón latía con tanta fuerza que sentía cómo atravesaba mi pecho con cada
latido. Mis pies carecían de piel y la sangre fluía sobre ellos. Sólo
tenía ganas de terminar con aquel sufrimiento.
Cuando
alcé la mirada, me percaté de que no estaba sola. Contemplé cómo una larga fila
de personas se extendía tras un río. Me levanté y comencé a caminar junto a la
cola. El rostro de esas personas no tenía vida, estaba lleno de tristeza, de
repente todas las miradas se dirigieron a mi.
¡Estaban muertos!
Comenzaron a
señalarme y a gritarme. Me apuntaban con sus dedos putrefactos y consumidos
tras su muerte. Volvía a tener esa sensación de pánico en todo el cuerpo. Uno
de ellos se acercó y me dijo:
–¡Ponte en la cola si tienes dinero, si no, ya puedes ir
acostumbrándote a este mundo!, no todos tienen la suerte que tu has tenido.
Yo
seguía sin entender nada así que le pregunté:
–¿Dónde estoy?
El
hombre se echó a reír bufándose de mi ignorancia:
–Estás en el inframundo. Habías ido
al infierno y te acaban de dar una segunda oportunidad, aprovéchala.
Seguramente
a más de uno le ha pasado pero yo lo contaré desde mi propia experiencia. Todo
empieza en el jardín de infancia, haces tus primeras amistades que sabes que
van a durar para toda la vida. Piensas que nunca conocerás a alguien que encaje
tan bien contigo, encuentras esa parte tan importante de tu corazón y poco a
poco os hacéis más amigos y dices: Nada puede ir mejor.
Van
pasando los años y llega el día de empezar a ir al colegio, tu amistad pasa, de compartir buenos momentos todo el día, a almorzar juntos, a estar esas
tardes divertidas, y piensas: ¡ahora sí que nada puede ir mejor!
Cuando
llegas a primaria, te das cuenta de que, también ese afecto que sientes desde
pequeño pero que no te habías dado cuenta por fin recapacitas y lo admites: Ese me
gusta.
A
medida que avanza este ciclo, en el que todo el mundo comparte amores sin
sentido, no te separas de él pero lo mejor es que no paráis de intercambiar
sonrisas, era todo lo que yo necesitaba para estar feliz durante todo el día. Por cada gesto que hace, piensas que es una señal de que te quiere, como cuando
en clase hablan del amor y os miráis: bueno, a ver, ten presente que es mi
experiencia.
Al
llegar a sexto de primaria piensas, ¿por qué es tan difícil de olvidar? Encima no solo es eso, es que cada vez te gusta más, es algo que no se puede evitar,
y cada vez los años se hacen más largos, además de verlo todos los días se
empieza a colar en tus sueños, ¡parece que lo hace adrede!
Cuando
llegas a primero las cosas cambian, porque os aseguro que lo que piensas ahora
no es un eres guapo y encantador, me gustas, eres mi mejor amigo, sino que por
fin, te das cuenta de que nada te puede parar, algo tan fuerte que no sabías
que existía te mata desde dentro, por fin descubres que lo que pasa es que te
has enamorado. El problema es: ¿Él siente lo mismo? ¿Es un amor imposible?
¿Somos capaces de dar un paso más? Hasta te planteas olvidarlo y tras varios
intentos descubres que lo que haces no tiene sentido, utilices el método que
utilices, ya es imposible.
Todo lo
que pasa se convierte en una duda, hasta intentas recordar el por qué de todo
esto, lo fácil que era antes ir a saludarlo y jugar con él un rato… Piensas que
si te acercas interpretará como que le gustas y la relación cambiará,
pero… ¿Por qué no te dice algo sobre ese tema?, tampoco es tan difícil mandar
una señal, ¡es una necesidad para quitar de en medio esa desesperación!
Pero cuando has pasado tanto tiempo así, viéndole el doble sentido a
las cosas y madurando, esperas alguna señal y depende de cómo sea tu película,
tiene un final feliz o no. En mi caso, ya se han recibido señales por
parte de él, pero el problema que me planteo ahora es: ¿cómo le mando yo
las mías?
Aun sigo aquí después de aquel accidente en la playa de California. Fue
así:
Estaba en la playa más conocida de mi país, hasta que se me ocurrió la
estúpida idea de bañarme, entraba lentamente y localizaba una sombra a unos
tres metros de mí, ¿sabéis que era? Un tiburón que perseguía a un pescado
que intentaba alejarse de semejante monstruo lo más rápido que le
permitían sus pequeños aleteos.
Corría hacia mí. Sin que yo me diera cuenta, el saltó, y me mordió en
la extremidad superior derecha, intenté deshacerme de él pero cada vez sus
dientes apretaban con más fuerza. Fue tan fuerte la mordedura que me quedé
inconsciente. Cuando desperté creía que era
una pesadilla pero estaba equivocado, destapé las sábanas, observé muchas
mordiscos y desgarres que ese animal había hecho en mi cuerpo.
Al día siguiente mis padres me visitaron y charlaron conmigo:
–¿Hijo, aún sigues vivo? –susurró
mi madre aterrada por las heridas graves. Ese tiburón casi te devora por
completo, espero que te den el alta lo más pronto posible.
–Lo único que recuerdo es que ese bicho me intentó llevar mar adentro lo más
rápido que podía, no lo consiguió.
–Por cierto he traído el periódico de hoy en el que hay una cosa que te
gustará-dijo mi padre
–¿Han acabado con él?- pregunté.
–Se acabó la terrorífica amenaza. No volverá a dañar a ningún otro– se
alegró mi padre.
Hacía unos pocos días que había llegado a este raro país y ya conozco a algunos de
sus extraños y lúdicos habitantes. Yo, quería saber más sobre este sitio,
deseaba descubrír todos sus secretos.
–Querida,-empezó Dupre-has
caído en un mundo de chalados, el último lugar donde alguien quisiera acabar,
hay que estar muy tarado para pensar quedarse aquí, tan loco como yo. ¿Estas
segura que es
tu decisión?
Lo más fácil sería volver
al mundo real, pero eso si que sería de locos, ¿quién regresaría a esa tierra
de hipócritas y codiciosos por el poder? Comparado, se esta muy bien aquí. Lo
bueno de este lugar, es que es muy divertido, nunca sabes que va a pasar, por
ejemplo: el día y la noche no tienen hora fija, ahora mismo podría volverse de
noche. Lo malo, es que tiene razón, es un mundo de tarados, están armados hasta
los dientes, no se por qué, es algo que quiero descubrir. Otro ejemplo, un
simple objeto, como el bastón que lleva él, se convierte en una pistola. Pero
toda decisión tiene sus pros y contras, si todo fuera hermoso seria un simple sueño. Solo tendría una
oportunidad para dar mi respuesta, ¿cuál sería?
-La
que estaría mal yéndose de este maravilloso mundo sería yo
y, como tu has dicho, hay que estar muy loco para quedarse aquí, ¿entiendes? -Le contesté.
Dupre se quedó extrañado,
lo más seguro por mi extraña respuesta, estaría pensando que yo me quería ir.
Así que seguí:
-Mira, te diré un secreto, estás completamente loco, pero sabes, las mejores
personas lo están.
Creo que eso le
tranquilizó algo, porque me dio una sonrisa. Este sitio era más de lo que podía
desear, no me quedaba nada importante en el mundo de arriba, mi hermana había
fallecido y mis padres hacía ya un par de años, nadie
estaría buscándome, pero aquí, ya había hecho buenos amigos y se me haría muy difícil separarme de
ellos, esta sería la mejor opción. Como he dicho antes, si todo fuera
hermoso sería un
simple sueño, pero este mundo no es uno, y si lo fuera, sería lo contrario, una pesadilla. Si no consigues adaptarte a este reino nada más
llegar, podrías morir en menos de una semana. Yo, Alicia, empezare mi vida de
cero, mi aventura, en este reino de maravillas y temores, en Wonderful Wonder
World, pero hoy solo me preocuparé de pasarlo en
grande con mi compañero el Sombrerero, Blood Dupre.