Mostrando entradas con la etiqueta Isabel Izquierdo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Isabel Izquierdo. Mostrar todas las entradas

24 marzo 2012

¿Por qué es tan difícil?


Seguramente a más de uno le ha pasado pero yo lo contaré desde mi propia experiencia. Todo empieza en el jardín de infancia, haces tus primeras amistades que sabes que van a durar para toda la vida. Piensas que nunca conocerás a alguien que encaje tan bien contigo, encuentras esa parte tan importante de tu corazón y poco a poco os hacéis más amigos y dices: Nada puede ir mejor.
Van pasando los años y llega el día de empezar a ir al colegio, tu amistad pasa, de compartir buenos momentos todo el día, a almorzar juntos, a estar esas tardes divertidas, y piensas: ¡ahora sí que nada puede ir mejor!
Cuando llegas a primaria, te das cuenta de que, también ese afecto que sientes desde pequeño pero que no te habías dado cuenta por fin recapacitas y lo admites: Ese me gusta.
A medida que avanza este ciclo, en el que todo el mundo comparte amores sin sentido, no te separas de él pero lo mejor es que no paráis de intercambiar sonrisas, era todo lo que yo necesitaba para estar feliz durante todo el día. Por cada gesto que hace, piensas que es una señal de que te quiere, como cuando en clase hablan del amor y os miráis: bueno, a ver, ten presente que es mi experiencia.
Al llegar a sexto de primaria piensas, ¿por qué es tan difícil de olvidar? Encima no solo es eso, es que cada vez te gusta más, es algo que no se puede evitar, y cada vez los años se hacen más largos, además de verlo todos los días se empieza a colar en tus sueños, ¡parece que lo hace adrede!
Cuando llegas a primero las cosas cambian, porque os aseguro que lo que piensas ahora no es un eres guapo y encantador, me gustas, eres mi mejor amigo, sino que por fin, te das cuenta de que nada te puede parar, algo tan fuerte que no sabías que existía te mata desde dentro, por fin descubres que lo que pasa es que te has enamorado. El problema es: ¿Él siente lo mismo? ¿Es un amor imposible? ¿Somos capaces de dar un paso más? Hasta te planteas olvidarlo y tras varios intentos descubres que lo que haces no tiene sentido, utilices el método que utilices, ya es imposible.
Todo lo que pasa se convierte en una duda, hasta intentas recordar el por qué de todo esto, lo fácil que era antes ir a saludarlo y jugar con él un rato… Piensas que si te acercas interpretará como que le gustas y la relación cambiará, pero… ¿Por qué no te dice algo sobre ese tema?, tampoco es tan difícil mandar una señal, ¡es una necesidad para quitar de en medio esa desesperación!
Pero cuando has pasado tanto tiempo así, viéndole el doble sentido a las cosas y madurando, esperas alguna señal y depende de cómo sea tu película, tiene un final feliz o no. En mi caso,  ya se han recibido señales por parte de él,  pero el problema que me planteo ahora es: ¿cómo le mando yo las mías?

Texto: Isabel Izquierdo.

03 febrero 2012

¡Zas!


¡Zas! El viento arrancó una rama del árbol bajo el que se sentaba Carolina. Era la tarde del miércoles, y como siempre Carolina estudiaba bajo el árbol situado enfrente de su casa de campo. Pero esa tarde se le cayó una rama del árbol en donde ella se sentaba.
Todo parecía "normal", solamente había sido un accidente provocado por el viento pero poco tardó Carolina en darse cuenta que todo esto parecía cosa del destino. Ella se dirigió a apartar la rama cuando se dio cuenta que tenía una nota pegada que decía: Una pista acabas de encontrar, si de qué se trata esto quieres averiguar, en otros sitios has de buscar el resto de pistas, que por tu casa están.
Carolina intentando luchar contra esa curiosidad que le rodeaba el cuerpo, contó hasta diez, esto era un truco que solía hacer para relajarse y volver a sus asuntos como si nada hubiera pasado, truco que siempre le funcionaba. Pero por sorpresa esa vez no fue así, a Carolina le podía la curiosidad de saber a que tipo de juego se refería esa pista. Entró en su casa y miró en el sofá pero no encontró nada. Subió a su cuarto y se fijó en una pequeña punta blanca que sobresalía de un borde de la cama, se agachó y tiró de ella. ¡Había encontrado la segunda pista!. Esta vez esa pequeña carta que le llevaría al tesoro que ella se esperaba decía: Me alegro de que quieras jugar, pero las pistas no van a ser tan fáciles de encontrar. Para encontrar la tercera pista diez pasos has de dar, una curva a la derecha has de tomar y tres veces a la pata coja debes saltar.
Carolina emocionada y llena de ganas de descubrir ese misterio caminó diez pasos, estos le llevaron al final del pasillo donde a la izquierda se encontraba la habitación de sus padres siguió leyendo y giró a la derecha, se introdujo en la habitación  y esperó ansiosa, pero al ver que no pasaba nada leyó de nuevo la carta y se dio cuenta de que le faltaba saltar tres veces a la pata coja. Enseguida saltó tres veces a un pie y para su sorpresa sus padres aparecieron por arte de magia en la habitación.
Los padres exclamaron:
—Si para que hemos montado este lío quieres averiguar, un beso en la mejilla a cada uno nos has de dar.
Carolina aceptó y se acercó y con delicadeza y le dio un beso a su padre, luego se dirigió hacia su madre para terminar de cerrar el trato.
Entonces gritó:
—¿Por qué me habéis hecho buscar tantas pistas, dar un largo paseo y encima dañarme tirándome una rama en la cabeza? Los padres le dijeron: porque hoy, como cada año es un día especial, ¡hoy es tu santo! Entonces Carolina se acordó que la noche anterior había estado pensando en ello pero ese mismo día se le había olvidado. 

Al final, Carolina se dio cuenta de lo olvidadiza que era y al darse la vuelta para salir del cuarto, se encontró un paquete de regalo. Al abrirlo en su interior contenía un toldo, Carolina extrañada preguntó para que era y los padres respondieron:
—Para que no te caiga ninguna rama más encima, porque lo de la rama no fue ni culpa ni intención nuestra, pero ahora ya tienes un "bonito" recuerdo de tu santo.

Texto: Isabel Izquierdo Rufino